Archive for 16 diciembre 2016

.

El alma de Paganini

1) La bravura paganiniana permea la música para violín que le sucede. Quién más, quién menos, compositores e intérpretes le brindan homenaje al príncipe de los virtuosos.

2) Los 24 Caprichos de Paganini comprenden el llanto de un niño incorregible.

3) Todo Capricho contiene la voluptuosidad de una mujer en brama. Por eso se recomienda no escucharlo hasta la saciedad.

4) Para tocar los Caprichos se requiere rayar en la locura. Tal como le aconteció al autor cuando los compuso. Nadie que se tome en serio podrá intentar tocarlos. Y se necesitó estar loco para componerlos.

5) Un Capricho es un ajuste de cuentas.

6) Quien escucha los Caprichos de Paganini sufre estragos en su organismo: la piel se le pone chinita. Los ojos se quieren escapar de sus órbitas. Los oídos se conmocionan hasta pulverizar el cerumen. Reumas recorren la columna vertebral como un herpes. La lengua se traba por no dar con el adjetivo adecuado —ese adjetivo que se merecen los Caprichos.

7) Hay quien se inclina por el Capricho XIII. Hay quien lo hace por el Capricho IX. Hay quien no cambia el XXIV por ningún otro. Como sea, un Capricho sirve de epitafio. Para que aquel escucha no descanse en paz.

8) Que resulte incapaz de tocar los Caprichos, mantiene vivo a un violinista.

9) ¿Por qué razón un violinista se empeña en tocar un Capricho de tres minutos en vez de un concierto de 35? Lo más con lo menos.

10) Los Caprichos no acompañan la entrada al paraíso. Ni al infierno. Acompañan la entrada al alma de quien los escucha.

11) En los Caprichos jamás se va de la sencillez a la complejidad. Ni de la complejidad a la sencillez. Se toca la primera nota, y se desparrama la inmensidad sonora.

12) Un berrinche no es un Capricho. Pero el Capricho tiene elementos del berrinche. Sobre todo por el coraje. La bravura. Todo Capricho es una muestra de poderío. Todo Capricho es un alacrán.

13) Hay Caprichos que deberían adornar el pelo de una mujer.

14) Cuando un Capricho se toca a la luz del sol inclemente, se distingue a lo lejos un incendio que porfía por ver la luz.

15) Cuando sueñes que masticas un Capricho es una pesadilla. Lo que estás estrujando es tu cerebro.

16) Cuando el diamante adquiere la forma de un crucifijo, el Capricho desafina.

17) El diamante brilla con luz propia. El Capricho no; su luz proviene del arte del demonio.

18) Cuando se toca un Capricho de Paganini en forma descabellada e irregular, el demonio suelta la carcajada. Tiene una nueva víctima.

19) Los 24 Preludios de Chopin, son el polvo que suelta el arco durante la ejecución de los 24 Caprichos de Paganini.

20) Paganini estrenaba un violín cada vez que tocaba la serie completa de sus Caprichos. Un violín que tenía 200 años. Pero que bajo sus dedos avistaba la eternidad.

21) Si al gran violinista le hubieran dado a escoger entre la más hermosa dama y la ejecución de un Capricho, se habría quedado con la mujer.

22) Cuando Paganini besó la mano de Berlioz en público y le extendió un cheque por 50 mil libras, lo que en realidad estaba haciendo era componer el Capricho XXV.

23) Los violinistas pierden el alma por tocar los 24 Caprichos de Paganini; cuando en realidad lo que están haciendo es armar su ataúd.

24) Cada Capricho contiene la bomba de tiempo del que viene enseguida. Aun el XXIV. Que el siguiente está dentro del que oye.

Anuncios

Read Full Post »

.

El mundo está al revés

Cada vez que veía una pareja me pasaba lo mismo: me entraba la nostalgia por mi novia. Porque yo había tenido novia, y una novia que era un encanto y que provocaba la envidia de todos mis amigos. Se llamaba Dulce. La había conocido en Guanajuato, en la capital del estado, de donde era originaria. Vaya que si destacaba entre todas las muchachas con las cuales me topaba. Todo en ella era delicado, fino, hermoso. Fuimos novios casi cinco años —lo cual es mucho en una población de este país. A lo que voy es que todo mundo, es decir los parientes y los amigos, querían que nos casáramos. Pero yo me negaba. De plano no quería matrimoniarme. O no tan pronto. Ya vendrán otros tiempos, me repetía. Pero no me animaba.

Dulce tenía un primo que me perturbaba. Cada vez que lo veía se me quedaba mirando como diciéndome me gustas. Y nos veíamos con cierta frecuencia. Porque en Guanajuato se acostumbra que cualquier motivo es bueno para echar la casa por la ventana. Se convocaba a toda la familia, y se desparramaba la música y el alcohol. La verdad es que no había quien no quedara harto de las comilonas. Yo el primero.

Pero qué iba yo a saber que precisamente gracias a estos banquetes, habría yo de conocer el amor. El verdadero y más pleno amor.

La casa de la familia Dulce era lo suficientemente grande para que todos —más de 100 invitados— se sentaran donde quisieran y disfrutaran sin cortapisa alguna. Había dos baños para hombres y dos baños para mujeres. Yo soy lo bastante meón para estar yendo cada rato al baño. Y así pasó. Ya había ido un par de veces cuando de pronto tuve ganas una vez más. Y fui. Grande fue mi sorpresa cuando llegó el primo de Dulce —Adán, se llamaba. Se plantó en el mingitorio vecino, se sacó el pene y empezó a orinar. Se volvió a verme. Yo estaba haciendo lo mismo. Entonces extendió su mano y me tocó. Yo no supe qué hacer. Si gritar, quitar su mano de un golpe o darle un empellón. Sin embargo, contraviniendo todas mis suposiciones, lo dejé hacer. Mi verga creció desmesuradamente. Como nunca me la había hecho crecer Dulce —que con trabajos me la agarraba. Y Adán se aproximó y me besó. Lo cual también fue delicioso. No sabía yo qué disfrutar más, si el beso o su mano en mi verga.

Salí transformado del baño. No podía concentrarme en Dulce. Cada rato volvía la cabeza hasta dar con la mirada de Adán, quien tampoco me quitaba la vista de encima, y no sólo eso, sino que me arrojaba besos con su boca sensual. Sus labios gruesos y expresivos.

¿Qué diablos me estaba pasando? Esa noche no pude dormir. Me masturbé dos veces. Mi verga no se cansaba de su erección. La tenía tan parada como no la había tenido nunca antes. Dibujé en mi memoria el rostro de Adán. Era muy guapo. Increíblemente guapo. Sus pestañas eran largas —más largas que las de Dulce—, sus ojos eran color verde pasto, de nariz recta y piel más morena que blanca. Un poco más alto que yo.

Pues no sé cómo le hizo pero en la mañana del día siguiente me marcó al celular. Confieso que me apené horrible. Pero acepté comer con él. Nos fuimos a la Clave Azul, una cantina famosa y de mucho prestigio, aunque nada cara. Lo que me sorprendió fue el lindo trato con el que todos los empleados lo trataban. Él pidió por mí. Ni siquiera me dio la opción de que yo escogiera lo que iba a comer. Y con la misma autoridad pidió la cerveza que yo habría de beber. Que fueron dos.

Dulce no quiso volver a verme. Quería despedirme de ella, pero no lo aceptó. “Nunca pensé que fueras maricón”, me dijo. “Jamás vuelvas a llamarme. Ya les dije a todos en mi casa, y todos te odian”. Y me colgó. Aquella tarde vi a Adán y nos fuimos a caminar a la Presa de la Olla. Me escuchó, y la tristeza voló como una mariposa que remontara el vuelo. Qué feliz me sentía a su lado. Fuimos al pequeño departamento que rentaba y nos amamos todas nuestras fuerzas.

Ahora vivimos juntos. Solemos caminar por toda la ciudad de Guanajuato. Somos tan afines. Hay tantas cosas en común entre él y yo. Le doy tanto las gracias a Dios por haberme bendecido con esta pareja. Estamos pensando mudarnos a otra ciudad. Quién sabe. En fin. Cuando Adán y yo nos cruzamos con una pareja, Dulce viene a mi mente. Su recuerdo me oprime el corazón. Si tan sólo hubiésemos podido ser amigos. El mundo está al revés.

Read Full Post »